Es una cuestión de gustos, a quiénes formamos el equipo de Usina de Noticias siempre nos impacta y conmueve cuándo, transitando por calle La Argentina de Tunuyán, hacia el Oeste, en alguna de esas mañanas invernales a pleno sol los colores patrios aparecen en el hrizonte único que forman nuestra cordillera y ese cielo límpido, nos gusta imaginar que Don Mamuel Belgrano habrá sentido lo mismo en aquel momento que se le ocurrieron esos colores para nuestra enseña patria, la que según los libros de historia se hizó a orillas del río Paraná un 7 de febrero de 1812.
Pensar en nuestra bandera no es solamente recordar a Belgrano, es empaparse de los sentimientos que aflorecen en épocas tan especiales cómo esta de los mundiales, dónde las vemos por todos lados (y mucho más si nuestra selección resulta triunfante ja ja), en algunos aspectos es también recordar los momentos dolorosos que se vivieron bajo sus colores, algunos asociados a la gesta malvinera y otros a los absurdos enfrentamientos internos que, amparados en las pseudo ideas para mejorar nuestra Nación, terminaron en violentos baños de sangre que costaron miles de vidas.
Esas mismas vidas que, teóricamente deberian compartir el sentido de nuestro compromiso diario con la solidaridad, la educación, la paz y la necesidad de construir un futuro compartido dónde, se anteponga el bien común y nos permita recordar que la patria se construye con la labor y el compromiso cotidiano de cada ciudadano en su lugar.
Lejos de mesianismos históricos cómo los que hemos tenido y tenemos en la actualidad, con la mirada y el corazón puesto en tener un país mejor para todos, sin exclusiones sociales y con amplitud de criterios para dar y recibir críticas, ojalá éste Día de la Bandera nos recuerda que, bajo ese pabellón, deberiamos ser todos iguales.
Ricardo «Yayo» Guinsburg