Agustín Larceri tenía 25 años, hacía tres meses que se había recibido de médico. Agostina Marcoré tenía 21, todavía le faltaban algunas materias. Habían llegado a Rosario desde distintas provincias para ir a la misma universidad y estudiando Medicina se habían puesto de novios. Habían tomado la decisión de vivir juntos, no para arrancar una familia sino por  por una fuga de gas que había motivado la clausura del edificio en el que ella vivía.

Hacía un año y medio que estaban saliendo —él vivía en el piso de arriba, ella en el de abajo—, cuando Agustín se mudó solo a otro edificio. “Era el último año que le faltaba para recibirse, el último esfuerzo, venía perfecto. Era natural que ya no quisiera vivir con amigos. Nos pareció bien, lo ayudamos con el alquiler”, contó a Infobae Silvia Cozic, la Mamá de Agustin. La novia, Agostina, se quedó en su departamento de siempre, que compartía con otras compañeras de estudio.

La tragedia comenzó a dibujarse cuando  apareció  una fuga de gas en el edificio dónde vivía Agostina,   para evitar que provocara un accidente grave clausuraron el edificio completo. A nadie le pareció mal que tomaran medidas drásticas: tres años antes, también en Rosario y por una fuga de gas, un edificio había explotado y se había derrumbado: 22 personas habían muerto, más de 60 habían resultado heridas.

El  sábado el 11 de junio de 2016 y, como ninguno de sus amigos lograba dar con ellos y además les resultó extraño que Agustín no hubiera ido a trabajar al servicio de Emergencias, fueron al departamento y forzaron la puerta. De adentro, salió un calor insoportable, los vidrios estaban empañados, chorreaban. Agostina había muerto recostada, Agustín en la ducha, la perra en el living.

Los peritajes posteriores mostraron que no hubo pérdidas, ni en estufas ni en el calefón. Se habían quedado sin oxígeno y habían muerto por inhalación de monóxido de carbono. Nadie, hasta ese día, había notado que no había rejillas de ventilación en el departamento.

Fuente y foto: INFOBAE

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