«Parriplomo». De esa forma altas fuentes judiciales del Sur provincial se refieren a la causa que tiene a un hombre acusado de protagonizar una discusión y una balacera por un parripollo ubicado en San Rafael. El joven que fue baleado salvó su vida por cuestión de centímetros, pero igual una jueza le dictó la prisión preventiva al sospechoso por tentativa de homicidio.

La causa tiene como protagonista a Luis Alberto Bettencourt, un bonaerense de 38 años que durante varios meses recorrió gran parte de Sudamérica en un auto antiguo Fiat 1100 pero que desde hace un tiempo se encontraba radicado en San Rafael. En ese departamento montó un emprendimiento de parripollo en la intersección de calles Alberdi y Las Heras.

Los chulengos en la vereda, el humo constante y el movimiento vehicular motivaron conflictos con los dueños de un comercio de sanitarios ubicado en ese lugar. Tal es así que, según reconstruyó la investigación, el nieto del comerciante decidió ponerle fin a la cuestión en la madrugada del 29 de diciembre pasado.

Esa noche, el joven de 18 años junto a un amigo se dirigieron en una camioneta VW Saveiro hasta el lugar y comenzaron a desarmar el parripollo clandestino -no tenía ningún tipo de habilitación para funcionar-. Hicieron dos viajes en los cuáles fueron cargando los elementos a la camioneta y los arrojaron en el canal Marginal, ubicado a pocos kilómetros. Pero cuando regresaron por tercera vez para terminar el trabajo ocurrió el suceso violento.

Bettencourt había pasado unos minutos antes en bicicleta y advirtió la situación. Le avisó a una amiga y un amigo, y los tres llegaron minutos después en una camioneta Fiat Toro y un auto BMW. La acusación sostiene que Bettencourt se bajó del primer rodado y empuñó un revólver Magnum 357, un arma que no se suele ver frecuentemente en la calle debido a su alta capacidad mortal por su grueso calibre.

El hombre encaró el vehículo de los jóvenes que estaban desarmando su emprendimiento, abrió la puerta del conductor y efectuó un primer disparo. La bala atravesó la pierna derecha de la víctima y quedó incrustada en la palanca de cambios. Las víctimas aceleraron, pero cuando avanzaron unos metros el agresor gatilló por segunda vez. El proyectil ingresó por la luneta y tenía como destino final la cabeza del conductor, pero impactó en un hierro del apoyacabeza y se desvió hacia el respaldo. Todo quedó registrado por cámaras de seguridad de la zona.

Fuente y fotos UNO

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