El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fue creado el 4 de Diciembre de 1956 y en el decreto de su puesta en marcha señalaba que nacía con la finalidad de “impulsar, vigorizar y coordinar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar, con los beneficios de estas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural”.

En la actualidad, y luego de distintas modificaciones en la Ley de Ministerios, su dependencia es bajo la órbita del Ministerio de Agroindustria de la Nación, desde hace varios años se ha constituído en un aporte clave al sector agropecuario, agroalimentario y agroindustrial.

La investigación y el desarrollo son los pilares de trabajo que toman cuerpo en el Plan Estratégico Institucional (PEI) donde se despliega una visión de largo plazo para responder a las demandas de todas las regiones del país.

Los convenios nacionales e internacionales que el INTA suscribe con los más diversos organismos y entidades del sector público y privado permiten crecer y aumentar la intervención en las cadenas de valor, a fin de mejorar el desarrollo rural sustentable en todo el territorio nacional.

Sin lugar a dudas se trata de una entidad de vanguardia en el desarrollo agro-tecnológico mundial, que está junto al productor y sus necesidades asistiendo a los sectores sociales que merecen atención, a partir de allí proyecta sus acciones para alcanzar competitividad, sostenibilidad social y económica con sentido nacional, priorizando la sustentabilidad ambiental de los territorios.

El día 13 de Agosto de 1966 en las seccionales de Paraná, Concordia y Concepción del Uruguay nació el gremio de los trabajadores del INTA, aquellos que le dan sustento a ese gran organismo que no podría funcionar sin una enorme cantidad de personal que, mas allá de hacer del mismo su fuente de ingresos, se entregan con una pasión que pocas veces se puede percibir en otros lugares similares.

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