Hay una situación que, lamentablemente se repite con frecuencia; cuando una persona no puede pagar el total de su resumen, los intereses no solo castigan la deuda original, sino que pueden terminar alimentando una nueva deuda.

El llamado “interés sobre interés” convierte una dificultad financiera en una bola de nieve. Quien ya tuvo problemas para pagar una compra o cubrir sus gastos cotidianos termina destinando cada vez más dinero a financiar el pasado, mientras el capital adeudado parece no desaparecer nunca. En éste punto es necesario aclarar que la Ley 25.065 de Tarjetas de Crédito prohíbe expresamente en su artículo 18 esta capitalización, los bancos aplican el cálculo en sus resúmenes automáticamente. Esta maniobra infla las deudas de miles de consumidores de forma irregular.

Las tarjetas pueden ser una herramienta útil, pero dejan de serlo cuando el crédito se transforma en una trampa. Y ahí aparece una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto es razonable que un sistema financiero gane cada vez más dinero precisamente de quienes tienen mayores dificultades para salir de una deuda?

Detrás de cada resumen impago no hay solamente números. Hay familias que llegan con lo justo a fin de mes, trabajadores que financian gastos básicos y pequeños comerciantes que utilizan el crédito para sostenerse.

El crédito debería ser una herramienta para avanzar, no una condena a pagar eternamente. Porque cuando los intereses comienzan a generar nuevos intereses, la deuda deja de ser una solución y empieza a convertirse en un negocio para quien la cobra.

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