El proceso de quiebra personal es un procedimiento judicial que se activa cuando un particular ya no puede afrontar sus obligaciones económicas y sus bienes no alcanzan para cubrir las deudas; cuándo se presenta esta situación la Justicia interviene para ordenar la situación patrimonial, establecer mecanismos de pago y definir cómo responder frente a los acreedores.
Lo llamativo y preocupante de éstos tiempos es que ésta situación está afectando a cientos de personas, ya sean trabajadores, jubilados, comerciantes y familias, que quedaron atrapadas entre cuotas, intereses y gastos básicos.
La información recopilada por Diario UNO da cuenta que, entre enero y marzo de este año 351 consumidores iniciaron algún tipo de proceso para intentar hacer frente a las deudas que ya no podían sostener con sus ingresos, de ese total se registraron 214 quiebras personales, 63 concursos preventivos y 74 procesos de otro tipo aunque de similares consecuencias.
Con algunas diferencias, casi todos los procesos siguen el mismo camino, que inicia en el uso de tarjetas de crédito, refinanciaciones y préstamos personales. El circuito suele repetirse: primero se paga el mínimo de la tarjeta, hasta para ir al supermercado, después se toman créditos para cubrir gastos cotidianos, y finalmente se ingresa en una espiral de endeudamiento cada vez más difícil de frenar. A diferencia de otros períodos de alta inflación, en el contexto actual de tasas elevadas las deudas ya no se licúan con el tiempo, sino que se agravan.