Tratar de mirar el futuro de nuestro País a partir de los serios problemas estructurales que se repiten desde hace décadas y que, sin acuerdos políticos de largo plazo seguirán condicionando su desarrollo, genera un pensamiento que se apoya más en el escepticismo que en la confianza. La gestión de Javier Milei nos somete a ese cruzamiento de ideas dónde los escépticos dudan de la verdad de las cosas y los crédulos se disponen a creer en forma absoluta en sus dichos.
Nuestro Gobierno realiza cambios que suelen implicar un giro profundo en la política económica, generando incertidumbre para inversores, empresas y trabajadores, donde la muy atenuada inflación, la certeza que el tipo de cambio resulta insuficiente y la dificultad para generar confianza; desalientan la inversión y complican la planificación tanto de empresas como de familias. Tal vez por ello no existen proyectos de largo plazo, salvo aquellos que anuncian los basados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que intentan generar incentivos que mejoren el clima de negocios y atraigan tanto a inversores nacionales como extranjeros; lo que hasta ahora no estaría sucediendo.
Lo que si sucede y es palpable, es que los salarios continúan perdiendo capacidad de compra, se descree de los informes oficiales que aseguran la disminución de la pobreza, el consumo se debilita y se profundizan las desigualdades sociales. El preocupante endeudamiento de la sociedad en general, la presión tributaria que no cesa podrían continuar afectando el crecimiento. A ello se suma el riesgo de que los ajustes fiscales, si no vienen acompañados de una recuperación de la actividad económica, profundicen la desigualdad y la conflictividad social.
En nuestra provincia, el desafío se agrava por el impacto de los costos logísticos, la presión impositiva, las dificultades para exportar y la escasez de inversiones, lo que limita el crecimiento de aquellos sectores que históricamente posicionaron a Mendoza, como son la vitivinicultura, la agricultura y el turismo.
Es verdad que Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad agroindustrial, un sector energético en expansión, talento científico y un importante entramado de PyMES, y sin lugar a dudas se tratan de fortalezas importantes, claro que para obtener un resultado exitoso se dependerá, en gran medida, de las decisiones políticas, económicas e institucionales que se adopten en los próximos años y de la capacidad de sostenerlas en el tiempo. Por ahora y por dar solo un ejemplo, la apertura cuasi salvaje de importaciones, no nos muestra un futuro muy optimista que digamos.
Ricardo «Yayo» Guinsburg