Con la mirada puesta en la continuidad del juego, aunque también en el negocio, la Copa del Mundo que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, tendrá una serie de medidas que buscan reducir demoras, ordenar situaciones que suelen cortar el desarrollo del encuentro y ampliar algunos criterios de revisión arbitral. Varias de esas normas fueron aprobadas con la Copa del Mundo como escenario de aplicación, aunque después podrán extenderse a otras competencias.
- Pausa de hidratación: En todos los partidos habrá un corte de tres minutos a los 22 minutos de cada tiempo, sin importar la temperatura, la sede o si el estadio tiene techo. FIFA presentó esta decisión como una medida de cuidado para los futbolistas, obviamente esto tendrá impacto televisivo y comercial durante esos parates.
- Límites de tiempo para poner la pelota en juego: Los saques laterales o saque de arco tendrán un tiempo máximo de cinco segundos. Si la pelota no se pone en juego al terminar ese plazo, el lateral pasará al rival. En el caso del saque de arco, la sanción será un tiro de esquina para el equipo contrario.
- Tiempos máximos para efectuar los cambios: El futbolista reemplazado deberá abandonar la cancha dentro de los 10 segundos posteriores a la señal del árbitro o a la aparición del cartel. Si no lo hace, saldrá igual, pero el sustituto no podrá ingresar hasta la primera interrupción posterior a un minuto de juego corrido. El objetivo es claro: evitar que los cambios se usen como una herramienta para enfriar el partido.
Una modificación importante apunta a las protestas colectivas; por ejemplo si un futbolista abandona el campo de juego en rechazo a una decisión arbitral, podrá ser expulsado. La regla también alcanza a los integrantes del cuerpo técnico que impulsen esa conducta. Además, si un equipo provoca la suspensión definitiva del partido, en principio perderá el encuentro.
Con estas medidas, el Mundial 2026 llegará con una agenda reglamentaria tan amplia como sensible: más control del tiempo, más intervención tecnológica y menos tolerancia ante conductas que alteren el desarrollo del juego.