Soledad Muñoz (45) durante casi dos décadas fue empleada administrativa de una multinacional, trabajo que disfrutaba, estaba insertada laboralmente en el universo corporativo de una prestigiosa empresa.

Hasta que se quedó sin empleo hace cinco años. El destino decidió por ella. “Ya tenía a mis dos gemelas, Sofía e Isabella (13) y había cumplido 39 años. Fue un gran sacudón… porque en toda mi vida no había tenido otra actividad”, cuenta Soledad.

“El sistema me expulsó, pero a la larga me hizo un gran favor porque me permitió empezar a ver la vida de otra manera”, desempleada, aunque siempre inquieta, Soledad optó por adquirir nuevos hábitos. “Allá por 2015 tomé conciencia de la basura que generamos en cada hogar, y decidí reciclar. La separaba, y la llevaba a los puntos verdes. De generar una bolsa diaria, logré reducirla a media por semana, me despertó la necesidad de encontrar una solución al respecto para minimizar el impacto ecológico”, dice.

Así, unió su creatividad con los elementos recuperados autogenerados en su propia casa. Entonces invirtió en una máquina de coser, la plancha ya la tenía, y salió a crear. “Mi materia prima es prácticamente en su totalidad lo que muchos consideran basura: sachets de leche, bolsas plásticas, descartes plásticos”.

El resultado: carteras, billeteras, riñoneras, porta pasaportes, tarjetas y sobres. Nada está hecho en serie, cada pieza es única e irrepetible.

Para organizarse, solo trabaja con encargos. Todo es artesanal y así pretende seguir. “Cuando los chicos en el jardín le hacen un collar de fideos para su mamá, lo hacen con amor y tiempo… Lo mismo ocurre con mis accesorios y eso se nota en el resultado. La gente aprecia cada vez mas la reutilización”.

Fuente: anJuan8

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