Con un primer tiempo absolutamente cerrado, con más fricciones y roces que fútbol, casi que fué logico el empate sin goles antes de ir al descanso, aunque en los últimos 15 minutos la Selección Nacional se afirmó en la posesión de la pelota y terminó dejando una mejor impresión
El equipo de Scaloni mostró solidez defensiva, pero le costó encontrar pases en velocidad y generar espacios entre las líneas británicas mientras que los ingleses presionaron bién, formando parejas en casi toda la cancha y de esa forma lograron neutralizar gran parte del circuito ofensivo argentino, aunque tampoco tuvieron profundidad en los metros finales. En definitiva, el 0 a 0 estuvo bién.
Cuándo iban 10 minutos del segundo tiempo los ingleses armaron una buena jugada y con la receta eterna del fútbol, esa que dice centro al corazón del área, el grandote Gordon anticipó a la defensa argentina, que en esa jugada perdió las marcas dentro del área y lo pagó caro. Fue el primer rtiro al arco realmente efectivo del conjunto inglés y un golpe anímico en una semifinal que hasta entonces había estado dominada por la tensión y el rigor táctico.
Y cuándo ese gol parecía que haría que el partido fuera un trámite para los ingleses, apareció el carácter de la selección argentina que encontró el premio a su insistencia en el momento justo, a los 85 minutos Enzo clavó un golazo desde afuera del área y, con el partido 1-1 y pocos minutos por jugar, la semifinal quedó completamente abierta.
Con el impulso anímico de la igualdad, Argentina fue por más y vaya si lo consiguió; ya en tiempo de descuento y luego de gran disparo de Mac Allister al palo, Lionel Messi levantó un centro desde el costado derecho y apareció el Lautaro en el segundo palo para marcar el 2-1 y volvernos locos a todos.
Ganó Argentina, por fútbol, actitud y por carácter, por segundo mundial consecutivo nuestra selección está en la final.