Después de varios años marcados por la escasez hídrica y los caudales por debajo de los promedios históricos, Mendoza tendrá una temporada 2026-2027 con mayor disponibilidad de agua. El Departamento General de Irrigación presentó el pronóstico de escurrimiento elaborado a partir de la nieve acumulada en la Cordillera y el seguimiento hidrológico de las distintas cuencas.

El dato más destacado corresponde al río Mendoza, que podría registrar un volumen de agua cercano o incluso superior al equivalente al dique Potrerillos. Según las estimaciones, el caudal será aproximadamente 30% superior al promedio histórico.

En el caso del río Tunuyán, las proyecciones estiman alrededor de un 15% superiores a los de un año normal, mientras que en otras cuencas los incrementos se ubican entre el 3% y el 10%.

No hay dudas que la mayor disponibilidad de agua representa una oportunidad para los distintos sectores productivos, aunque también obliga a reforzar la planificación para evitar problemas derivados de los excedentes; por lo tanto  el desafío será aprovechar y administrar de manera eficiente el recurso.

La actividad agrícola concentra una parte importante de la demanda de agua de Mendoza, pero también se señaló la necesidad de mejorar la eficiencia en el sistema de agua potable y avanzar con obras de infraestructura.

Ante la posibilidad de tormentas y precipitaciones intensas, las autoridades remarcaron la importancia de incorporar algunas medidas de prevención, cómo pueden ser:

  • No sacar la basura durante los días de lluvia.
  • Evitar salir durante una tormenta intensa.
  • No intentar cruzar calles o cauces que estén inundados o anegados.
  • Circular alejados de árboles, carteles y muros que puedan representar un riesgo.
  • Mantener despejados los sectores cercanos a desagües y cauces.

El pronóstico para 2026-2027 abre así un escenario diferente para Mendoza, con más agua disponible después de varios años de sequía, pero también con la necesidad de mejorar la infraestructura y extremar las medidas de prevención para administrar el recurso y reducir los riesgos asociados a las crecidas.

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