Quién fuera el máximo héroe de nuestra Patria murió lejos de la tierra por la que había peleado, en una Europa que observaba desde la distancia mientras en América seguían abiertas muchas de las disputas que había ayudado a poner en movimiento. Había cumplido con lo que consideraba esencial y para lograrlo había cruzado montañas, organizado ejércitos, enfrentado batallas y, sobre todo, había entendido que la independencia no era solamente derrotar a un enemigo, sino hacer posible que los pueblos decidieran su propio destino.
Cuándo el tiempo y los dolores propios de su edad lo acosaron demasiado, eligió el retiro, en silencio, a la distancia. Teniendo claro que su vida continuaba más marcada más por la ausencia del poder que por su ejercicio y por ello se fué bién lejos, eligió no quedarse a disputar cargos, honores ni espacios de influencia. Esa decisión quizá sea una de las partes menos cómodas de su legado para una época acostumbrada a medir la importancia por la permanencia en escena. Por eso hablamos del ejemplo que varios gobernantes, actuales y de pasados recientes; en los ámbitos nacionales, provinciales y locales, deberian seguir.
Antes de ser bronce, monumento y fecha patria, fue un hombre que tomó decisiones, tuvo dudas, perdió batallas, soportó desencuentros y eligió retirarse cuando entendió que su presencia podía convertirse en un obstáculo para aquello que había ayudado a construir, seguramente cuándo llegaron sus últimos momentos no tenía la menor idea de cómo sería recordado; con el tiempo la historia hizo de él un símbolo.
Tal vez por éstas cuestiones, recordar a San Martín no debería ser solamente mirar hacia el pasado, también puede ser preguntarnos qué hacemos hoy con la libertad que aquellos hombres ayudaron a conquistar y aquí talvez esté el homenaje menos ceremonial y más profundo: no repetir quién fue San Martín, sino preguntarnos cuánto de aquello que defendió sigue siendo una tarea pendiente.
Ricardo «Yayo» Guinsburg