El «Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI)» es una normativa especial diseñado para atraer grandes inversiones, específicamente aquellas que superen los 200 millones de dólares. Este régimen busca fomentar inversiones en sectores estratégicos como la agroindustria, infraestructura, forestal, minería, gas y petróleo, energía y tecnología.
Tiene Incentivos fiscales y arancelarios, ya que uno de sus principales atractivos es la posibilidad para las empresas de importar maquinaria e insumos sin pagar aranceles, lo que reduce significativamente los costos iniciales de inversión. Además, se propone una reducción del impuesto a las ganancias del 35% al 25%. Estas medidas buscan crear un ambiente fiscalmente favorable para las grandes inversiones, proporcionando una ventaja competitiva importante para atraer capital extranjero.
Otra de sus ventajas pasa por la devolución acelerada de los saldos a favor del IVA, en un plazo no mayor a tres meses. Este mecanismo mejora la liquidez de las empresas, permitiéndoles reinvertir el capital de manera más eficiente.
Claro que todas esas ventajas para los importadores, podrían generar una competencia desleal para las PYMEs locales. Los beneficios fiscales y arancelarios exclusivos para las grandes inversiones, vigentes por 30 años, podrían contradecir los principios de igualdad y razonabilidad establecidos en la Constitución Nacional (arts. 16, 28 y 33). Las PYMEs, que no reciben beneficios similares, se verán en desventaja porque no tendrán posibilidad de competir en igualdad de condiciones.
Hay serias dudas con el Impacto en la industria local y empleo, porque la exención de aranceles a las importaciones seguramente será perjudicial para la industria local, que tiene la capacidad de abastecer los grandes proyectos. La posibilidad de importar trabajadores en lugar de contratar mano de obra local también es una preocupación.
El equipo económico de Javier Milei considera que el RIGI es crucial para Argentina porque busca atraer grandes inversiones extranjeras necesarias para el desarrollo económico del país en un momento crítico donde es fundamental conseguir nuevas inversiones que comiencen a mover los engranajes de la demanda hasta que el consumo interno se recupere.
Por otra parte, los pequeños y medianos industriales se encuentran con un complejo panorama por delante, pues los futuros beneficiarios del RIGI tendrán menores costos de producción, mientras que la industria nacional hoy en día no es competitiva por varios motivos como la reciente inflación, falta de acceso al crédito, niveles tributarios que son elevadísimos; ya que la carga impositiva que tienen las PYMES genera serios inconvenientes y costos adicionales.
Un simple ejemplo de lo que puede ocurrir con el RIGI está dado por la situación que, las grandes inversiones podran importar un montón de productos que se fabrican en el país con una carga tributaria muchísimo más baja y un montón de condiciones que hoy las PYMES no tienen, la ecuación es simple: «Prefiero importar, que tiene menor costo; y no comprar nacional», con las nefastas consecuencias que esas decisiones acarrean para las PYMES nacionales.
Tal vez el equipo económico debiera pensar en una disminución de la carga impositiva local, situación muy compleja porque con ese mecanismo se sostiene un estado elefantiásico, pero esa situación es de una resolución por demás compleja y difícl de afrontar.
Ricardo «Yayo» Guinsburg