Plástico por anteojos. Es lo que hace Malcolm Rendle, criado en el barrio del bajo de San Isidro y cercano al río; cuenta que salía a correr cerca de la orilla y le alarmaba la cantidad de desechos plásticos, a partir de allí decidió hacer algo útil con los residuos.
En la actualidad está en condiciones de producir 8 mil gafas a partir de plásticos reciclados de la basura, que además tienen la particularidad que se puede pagar el anteojo directamente con plástico domiciliario, un par de lentes sin cargo pueden llegar a costar cerca de cincuenta kilos de material reciclado.
Investigó bastante hasta que logró dar con un método de producción eficiente a través de la inyección. “Todo empieza con una botella que se tritura, se convierte en escamas y se funde hasta obtener un filamento que luego se peletiza y da a las gafas”, explica. Eso le permite hacer casi 10.000 al mes.
En pandemia abrió su local de San Isidro, además de su tienda digital. También exporta a Uruguay, Chile, Costa Rica, y Panamá. Pronto llegará a Europa. Emplea a 17 personas y dispone de 160 modelos de lentes de sol y de lectura para la venta.
“Ofreciendo una nueva generación en diseño sustentable, queremos que con nuestras gafas abras los ojos y así mostrarte una nueva forma de ver el mundo -anuncian a través de su página web-. Tenemos un espíritu rebelde y creemos que entre todos es posible el cambio. Es desperdicio cuando no se aprovecha. Una economía circular y una sociedad sin desperdicios es posible, por eso nos esforzamos en construir lo que creemos que es el futuro de la fabricación”.
Fuente Infobae