Marcos Villamil salió de General Alvear (provincia de Buenos Aires) en Septiembre del 2020, apenas se lo permitió la pandemia. Ahora está a orillas del lago San Martín, al pie de los Andes santacruceños, camino a Ushuaia.
Consultado por Telam expresó : “Me encanta la idea de conocer la Argentina a caballo. Ir al ritmo del animal, parar en los campos, llegar donde el tren o el auto no pueden. El caballo es la mejor carta de presentación”, explica el ingeniero agrónomo que abandonó su trabajo en un banco y dos emprendimientos que tiene con sus amigos para salir a recorrer el país en el lomo de sus yeguas, Mora, Wayra y Tordo, que se van rotando en la tarea de llevar al jinete y sus pocos pertrechos.
Cuenta que su madre recuerda que aprendió a cabalgar antes que a caminar y que lo hace desde los dos años. Y asegura “Siempre hacemos hincapié en las cosas negativas de nuestro país. Que la inseguridad, que el ventajismo. Pero tenemos una Argentina alucinante, para inflar el pecho. Lo veo en el viaje. La gente me abre las puertas, me cobija, me da todo lo que tiene. En este momento en que una de mis yeguas está lastimada, la familia con la que paro me ayuda y me acompaña”, argumenta.
Sobre la logística de la travesía, cuenta el jinete que entrenó un año entero con sus yeguas, recorriendo de a 100 o 120 kilómetros. Que en la zona pampeana cabalgaba de madrugada, entre las cuatro o cinco de la mañana y el mediodía, para hacer 30 o 40 kilómetros. Después dejaba descansar a los caballos. “Siempre voy frenando en campos, pidiendo permiso y si no encuentro nada desensillo al costado de un arroyo que tenga buen pasto y agua los caballos. Pero la gente me recibe con mucha amabilidad. Así que voy conociendo muchos pobladores en cada lugar, paro en sus casas, me ofrecen comida”.
En la cuenta de Instagram abrazarte.argentina Villamil documenta cada hito de su viaje, pero también recurre a un medio “analógico”, un cuaderno en el que le pide a la gente con la que se encuentra que le escriba un mensaje. “Me agradecen por llegar a esos lugares, contar cómo viven y por mantener la tradición de montar a caballo”, resume sobre los cientos de expresiones de aliento y cariño que atesora.