Una vez conocida la decisión presidencial desautorizando al Gobernador y avanzar en contra de la voluntad del mandatario local, quién había dispuesto una reapertura de la actividad con muy pocas restricciones, el mandatario mendocino no se quedó callado.

«Le dije que no acompaño, Mendoza no tiene que estar 14 días con restricciones», aseguró el gobernador, señalando que la provincia se encuentra en un amesetamiento de casos, sin picos en las últimas semanas.

Aún así, el mandatario también señaló que la decisión final es del presidente. «Si hay un DNU que incluye a Mendoza, no me puedo oponer», aclaró.

Hay un detalle no menor y es que, según estiman fuentes cercanas al gobierno mendocino, la imagen y la palabra presidencial está desgastada y que si la respuesta social a una restricción impuesta desde Casa Rosada es negativa, no habrá forma de controlarla. Hablan de una decisión de facto por parte de Fernández si es que decide imponer prohibiciones en la provincia. Y aclaran que la situación financiera del país en general y de Mendoza en particular no resiste nuevos cierres.

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