Atento a la habitual práctica de publicar las opiniones de nuestros lectores, hoy damos a conocer éste texto de Carolina Martínez, Joven Empresaria del rubro gastronómico, oriunda y radicada en Vista Flores, Presidenta de Cámara Joven de Tunuyán y Pro Secretaria Zona Centro de la Federación Económica de Mendoza.
UNA SOCIEDAD ENOJADA, MERECE ATENCIÓN
Mientras el Estado y las instituciones sean incapaces de realizar nuevas lecturas y encontrar nuevas formas de gestión del enojo, seguirán irrumpiendo nuevas y más protestas y, lo que es peor, surgiendo soluciones simplistas con mayor facilidad para moverse en el terreno emocional y no de gestión.
Para evitar tales salidas, se ha de ofrecer una alternativa creíble y buscar formas democráticas de canalizar el malestar y afrontarlo como un input imprescindible que contribuya a atender, identificar y resolver injusticias. En este aspecto, el rol del gobierno es imprescindible porque es quien toma las decisiones.
Para ello, gobierno e instituciones han de comenzar a incluir en sus instrumentos de política, mecanismos y herramientas específicas de atención al enojo, que permitan no solo escuchar las demandas, sino también procesarlas como un producto fundamental para la construcción de un orden social en el que todos podamos vivir.
Posibles mecanismos de atención al enojo (Sr. Estado, tome nota)
- Reconocer el enojo, aceptar su manifestación y considerar a los actores protagonistas como interlocutores legítimos; escuchar sus demandas y necesidades, y comprender y contextualizar su punto de vista.
- Iniciar un diálogo que incluya a todas las voces involucradas en las causas que propiciaron el enojo; equilibrar las diferencias de poder entre las distintas partes: fortalecer a los más débiles y limitar la capacidad de los más fuertes.
- Formular los problemas incluyendo diversos puntos de vista, de forma que el diagnóstico integre necesariamente la perspectiva de los enojados; abrir distintos escenarios de futuro, fijar una base con valores compartidos y establecer un horizonte común.
- Negociar y consensuar una serie de acuerdos que sean considerados creíbles y justos por todas las partes, con un reparto proporcional de esfuerzos. Refrendar y validar estos acuerdos. Formalidad. Institucionalidad.
- Asumir compromisos concretos por parte de todos los actores que incluyan objetivos de corto, medio y largo plazo; crear mecanismos que permitan observar y medir los avances para evaluar su grado de cumplimiento y, en caso de incumplimiento, fijar y aplicar formas de compensar, resarcir y sancionar.
Veamos a los acontecimientos sociales como una oportunidad para reflexionar sobre la naturaleza de las instituciones y apuntalar las bases del contrato social desde un quehacer más abierto y democrático donde el Estado tenga mayor escucha.
Tenemos que ser capaces de hacer una interpretación profunda del enojo, y plantear una respuesta que vaya más allá de la lectura superficial de las demandas. En consecuencia, se requiere tanto del anuncio de nuevas medidas destinadas a atemperar la sensación de desigualdad, como de la voluntad decidida de actuar contra las injusticias que dieron lugar a esa sensación. Solo rompiendo con las inercias que impidieron terminar antes con el enojo podrá superarse. De otra forma, se corre el grave riesgo de provocar un enojo mayor.
Señor Estado, le cuento: la sociedad sufre crisis de representatividad y está enojada. Después no diga que no le avisé. Y no se enoje si ella golpea su puerta. Demuestre fortaleza y de respuesta. Usted puede hacerlo. Usted debe hacerlo.