Con ese aire especial que lo aleja de los formatos rígidos y solemnes que muchas veces se asocian al género, Música Clásica por los Caminos del Vino se ha consolidado como una invitación abierta, accesible y profundamente vinculada al suelo mendocino.

Nuevamente la música se instalará en bodegas, espacios patrimoniales, escenarios naturales y salas culturales, generando un cruce singular entre tradición, disfrute y encuentro social. No se trata solo de escuchar, sino de habitar los conciertos.

Uno de los grandes atractivos del festival es su cuidadosa elección de espacios. Bodegas centenarias, capillas, museos, sitios patrimoniales y paisajes abiertos se convierten en salas de concierto efímeras, donde la acústica natural y el entorno suman una dimensión estética única. Cada función es irrepetible: el sonido se mezcla con el atardecer, el aroma de la tierra, la arquitectura y el silencio atento del público.

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