En la apertura de sesiones 2026, el intendente Diego Costarelli no disfrazó la realidad: la situación financiera no es la mejor, el país atraviesa un sacrificio sectorial profundo y la austeridad dejó de ser un eslogan para convertirse en una necesidad biológica del Estado.

A pesar de ese diagnóstico, el mensaje no fue de retirada, sino de una suerte de «ofensiva planificada», cómo lo es la puesta en valor de las 40 hectáreas del Hipódromo de Mendoza; allí Costarelli presentó una visión que busca transformar ese gigante subutilizado en un motor de desarrollo sostenible.

No se trata solo de abrir calles; es una redefinición del centro-oeste del Gran Mendoza que integrará vivienda, innovación y espacios verdes. «Este proyecto es urbanismo, pero también es cohesión social. Es calidad de vida. Es futuro», sentenció el intendente, marcando una diferencia clara con la gestión de «parche» que suele primar en años recesivos.

A pesar del recorte en gastos superfluos, el municipio decidió no tocar el «umbral básico» de oportunidades. Con una inversión que supera los 860 millones de pesos en infraestructura educativa, la gestión logró refuncionalizar jardines maternales clave como el «Ternuritas» y el «Mundo de Exploradores», garantizando atención para más de 1.300 chicos.

Para Costarelli, el Estado ya no debe competir con el que emprende, sino «hacerle más fácil el camino». El Espacio Arizu, con un avance del 78%, es la prueba tangible de que la burocracia puede ser eficiente cuando se asocia con pymes genuinas.

Allí se emplazará la Ciudad del Vino, un proyecto que promete usar inteligencia artificial para el enoturismo, pero que en el fondo es una apuesta por la identidad y la memoria del departamento. A esto se suma el éxito de los barrios Constituyentes, donde el municipio tomó la posta de la vivienda ante la ausencia de créditos hipotecarios nacionales, demostrando que «el techo propio es la base de la dignidad» y no un tema del que el municipio deba desentenderse.

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