La historia se inició en la Navidad de 1962. Marta Nieves Urbano, empleada doméstica en la finca de la familia Lapania en La Falda -Córdoba-, recogió los platos y se retiró a su dormitorio. Según consta en la causa a cargo del Juzgado Civil 84, allí fue víctima de un abuso sexual por parte de uno de los hijos de sus patrones.
Eduardo Lapania (86), propietario de Bodega San Cristóbal, nunca reconoció a Marcelo como su propio hijo. El albañil, que vive en la localidad Villa de Soto -departamento de Cruz del Eje-, se realizó dos cotejos de ADN que le dieron la razón: arrojaron que es hijo biológico del empresario en un 99.7% y un 99.9%, respectivamente.
Con las evidencias sobre la mesa, y al no tener respuestas de Lapania, Urbano le inició al empresario un juicio civil por daño moral y falta de oportunidades. El reclamo, efectuado en paralelo con la demanda por la herencia, asciende a unos 100 millones de pesos.
Cuenta Urbano que su mamá nunca pudo denunciar lo sucedido y siguió trabajando en la casa de los Lapania, pero a los pocos meses el embarazo se hizo indisimulable. La mujer, entonces, les contó la verdad a sus patrones. La respuesta de ellos fue presionarla para que se sometiera a un aborto y echarla de su trabajo, según declaró el albañil en la causa.
Marta Urbano decidió seguir adelante con el embarazo y en septiembre de 1963 nació Marcelo. Ante las dificultades de la madre para criarlo, el nene quedó al cuidado de su abuela, que vivía en Paso Viejo, un paraje rural de Cruz del Eje.
“Yo crecí entre la pobreza, en el medio del monte. No tenía luz ni agua. Mi mamá no estaba preparada para criarme, pero igualmente crecí con amor”, cuenta Marcelo hoy.
En 2019, finalmente, Urbano acudió a la Justicia, que resolvió dirimir el caso a través de la comparación del material genético. La primera prueba fue efectuada en el Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular (LIDMO) arrojó 99.7%, y la segunda -a pedido del demandado- se realizó en el Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba (CEPROCOR), el resultado fue 99.9%.
Marcelo sobrevive haciendo changas y suele viajar a la ciudad de Córdoba, a unos 160 kilómetros de su pueblo natal. “Vivo el día a día y no sueño tan en grande, le soy honesto. Hago trabajos de albañilería, techos. Y relata : “Tengo un apellido caro, pero sigo siendo pobre. Es así”.
En el expediente, Eduardo Lapania declaró que nunca fue informado del nacimiento de Marcelo Urbano, y que en agosto de 1964 viajó a estudiar a Europa. Volvió 10 años después, en julio de 1974.
En 1997, compró una finca en la provincia de Mendoza y, dos años después, creó la firma que actualmente exporta vinos a más de 20 países. Se recibió de doctor en Ciencias Geológicas en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Fue investigador científico, trabajó en la función pública y se desempeñó como titular de una empresa internacional vinculada al desarrollo de yacimientos de petróleo y gas. Desde 2013 es cónsul honorario de Bélgica en Mendoza, San Juan, San Luis, La Pampa y Neuquén.
Nunca tuvo contacto con Marcelo Urbano. “A esta altura de la vida, ya no me molesta -concluye-. Tampoco me molesta que mis hermanos, los hijos del señor Lapania, nunca hayan accedido a una comunicación conmigo. Están cortados por la misma tijera”.
Fuente: TN