Desde el año 1999 cuándo Hugo Chávez asumió por primera vez la presidencia de Venezuela, hasta este 2024 han pasado 25 años de una forma de conducir un estado nacional que ha conseguido transformar a una de las naciones más ricas de América Latina, en una sombra de lo que alguna vez fue.

Cuando después de las 18.00 hs se conocieron las primeras actas electorales, todas mostraban que Edmundo González Urrutia se había impuesto con una diferencia mayor a los 30 puntos y, en consecuencia, debía ser ungido como el nuevo presidente de acuerdo a la voluntad venezolana.

Una lectura simple y lejana de la realidad venezolana muestra que, Nicolás Maduro sabe que su destino (en caso de perder el poder) será la cárcel, la extradición o el exilio. Por ello eligió el fraude para sostenerse en el poder y no tener que salir de su país, algo ya de por sí infrecuente en su agenda. Es que el riesgo de una prisión sería muy probable bajo otro gobierno que limpiara la escandalosa y cómplice estructura judicial venezolana.

Desde las oficinas de la proscripta María Corina Machado, que impulsaba la candidatura de Edmundo González Urrutia aseguraban haber obtenido el 70% de los votos, por lo cual debería ser el verdadero presidente electo de Venezuela.

Mientras tanto, el Consejo Electoral de Venezuela declaró como ganador a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales de este domingo con el 51% de los votos.

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