Desde aquel baile traducido en un 4 a 0 que la selección de Holanda le dio a la Argentina en el Mundial de 1974 han pasado 48 años, aunque hay cosas que no han cambiado.

Aquella «Naranja Mecánica» tenía al genial Johan Cruiff como su máximo bastonero, parado en la cancha en una posición similar a la que actualmente elige Lionel Messi, estaba rodeado de un equipo que funcionaba como un acordeón e interpretaba lo que en aquel momento se llamó «fútbol moderno», donde todos atacan y también, todos defienden.

En esta Holanda de hoy, o Países Bajos según la nueva denominación, esa función la ejerce Memphis Depay (obviamente tiene la #10) y, como todo equipo normal, tiene una columna vertebral sostenida por el gigante (2.03 de altura) Noppert; defiende con tres centrales (igual que la Scaloneta), pone cuatro volantes con dos por fuera y dos por dentro, un enganche y dos puntas.

Los analistas serios dicen que se debe prestar atención a lo que hacen el #10, Depay, al #22, Dumfries, que es un mediocampista muy potente que se proyecta al ataque y juega en el Inter de Milán, y también hay que estar atento al falso #9, De Jong, motor del Barcelona y uno de los ejes del equipo. Sin ellos tres, el equipo holandés bajaría mucho su producción.

Ya sabemos, esto es fútbol y puede pasar cualquier cosa; aunque no hay dudas que será un partidazo.

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