Precios bajos y nula rentabilidad, una problemática que seguimos acarreando año tras año

Una vendimia más y seguimos discutiendo los mismos temas y problemáticas, al mismo tiempo que no observamos un claro liderazgo de los organismos del Estado y las entidades gremiales intentando solucionar los recurrentes problemas de la vitivinicultura.

Una vitivinicultura en donde se producen 24 millones de quintales, con escasas regulaciones y escasos controles en los procesos industriales, es el principal factor causante del sobrestock que agobia el mercado, y permite al sector industrial especular con los precios de los productores primarios.

Reglas claras, orientadas a producciones de mayor calidad y tecnificación, que orienten al productor y sus uvas a objetivos comerciales de mediano y largo plazo es lo que permitirá mirar un futuro rentable para la vitivinicultura y sus productores. A los productores primarios que hacen los deberes, a los que se tecnifican, a los que se reconvierten, hay que estimularlos y protegerlos con regulaciones propicias.

Productores que reconvirtieron y tecnificaron en el Valle de Uco ameritan holgadamente un precio de 0,55 ctv  de dólar (hoy $AR 35,00 pesos), para mantener sus fincas en condiciones. Actualmente este valor oscila en 0,25 ctv centavos de dólar y penalizando a aquellos que invirtieron.

Es cierto que hay sobrantes de vino tinto, pero permítanos dudar de la calidad y su condición para ser vendido rápidamente. Lejos del “banco de vinos” que incluye el pago de una renta a quienes elaboraron y poseen estos sobre-stocks para seguir guardándolos, se debería pensar en una solución salomónica y no tener miedo de proponer otros mecanismos con el objetivo de bajar esos stocks en muchos casos con escasa posibilidad de venta.

Muchos de estos vinos, han sido elaborados sin considerar los patrones de consumo actual, y allí están sin venderse, al mismo tiempo que son la excusa perfecta para generar expectativas de precio viles para los productores de uva.

No tenemos duda, es el Estado quien debe liderar la reconversión productiva y el INV debe ejercitar los controles. Esto es clave. Es primordial que se regule la actividad primaria y se controle a la industria con rigurosidad. Sin miedo, un estado líder debe estimular a la producción primaria e industrial hacia procesos virtuosos basados en la calidad y tecnificación, siempre mirando la exportación y sin descuidar el mercado interno.

Con respecto a la insistente discusión de la COVIAR, damos apoyo a la institución y al nuevo liderazgo de José Alberto Zuccardi pero con una mirada limitada y de cambios. Necesitamos que se incluya a todos (incluido Bodegas de Argentina) y que sus metas se orienten al desarrollo y fomento de una vitivinicultura moderna y que tenga como eje principal conquistar mercados de consumo actual y futuro. Hoy esto no está sucediendo y es una pelea de dos grupos de poder en donde no todos los actores están siendo partícipes.

Diego Martin Stortini – Presidente

Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán

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