Hay imágenes que generan preguntas. Manuel Adorni ya no ocupa el lugar central que tuvo durante meses en el Gobierno, pero todavía conserva algunos de los atributos del poder: custodia oficial y un vehículo perteneciente al Estado. La investigaciónbn realizada por La Nacion muestra que el ex jefe de Gabinete continúa utilizando una Toyota SW4 oficial y mantiene custodia de fuerzas federales, pese a haber dejado el cargo el 27 de junio. Desde Gobierno justifican la protección por motivos de seguridad.
La escena es bastante contradictoria, se trata de una persona que quedó fuera del centro de la escena política, que atravesó un abrupto cambio de exposición pública y que, según versiones periodísticas, se recluyó de la actividad pública, aunque sigue desplazándose con recursos que pertenecen al Estado.
Y ahí aparece una pregunta que excede a Adorni: ¿cuándo termina el poder?
Porque una cosa es dejar un cargo y otra parece ser abandonar los símbolos que acompañan al cargo. El despacho puede quedar vacío, el funcionario puede dejar de firmar expedientes, pero el auto oficial y la custodia permanecen.
La discusión no debería centrarse en si Adorni está triste, decepcionado o atravesando un momento personal difícil. Eso pertenece a su intimidad. La discusión pública es otra: qué recursos del Estado corresponden a un funcionario mientras ejerce un cargo y cuáles deberían terminar cuando ese cargo termina.
El discurso básico de Javier Milei hablaba de «eliminar privilegios», de austeridad, eficiencia y reducción del gasto público, a partir de esas premisas se supone que cada vehículo oficial, cada custodia y cada privilegio necesitan una explicación clara.
Lo que queda en claro es que, tal vez se puede dejar un cargo, sólo que si el poder no te suelta la mano; los privilegios siguen.