Desde hace algún tiempo, la costumbre de regalar un ramo de flores amarillas a parejas, amigos, hijos y seres queridos como un pequeño gesto especial en cada 21 de setiembre, ha tomado cierta trascendencia.

En primer lugar es bueno recordar que no es una tradición ancestral, por el contrario hasta se puede pensar que su origen es bastante bizarro ya que, al parecer, nació de la cultura pop argentina, tomó impulso con la canción “Flores Amarillas” de Floricienta y encontró una segunda vida viral gracias a TikTok, Instagram y otras plataformas.

Quizás el gran mérito de éste obsequio no necesita ninguna explicación, simplemente es “pensé en vos”; y allí está lo más valioso de esta tradición. En tiempos de mensajes rápidos, vínculos virtuales y agendas apuradas, detenerse para regalar una flor recupera el valor de los gestos simples.

Las flores son efímeras, pueden durar unos días, en cambio éste gesto puede permanecer mucho más tiempo. Porque algunas costumbres no necesitan tener siglos de historia para convertirse en parte de nuestra vida: alcanza con que nos recuerden que todavía vale la pena regalar un poco de alegría.

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