El #mileísmo no es sencillo de entender, por un lado defiende la libertad a ultranza (o casi) porque cuándo algún periodista comete la osadía de criticar alguna medida, el singular fenómeno comunicacional del mileísmo sale con «los tapones de punta» a contestar.
Esta nueva «oficina» estatal, es en realidad una cuenta en redes comandada por un anónimo francotirador digital libertario que tiene en sus manos (y bolsillos) la tarea de refutar informaciones erróneas sino que, además, condena bajo la etiqueta rápida de “operata” cualquier expresión, opinión u observación de la realidad nacional que no sea del agrado presidencial.
Sabemos que #PresidentePeluca rotula a periodistas del más amplio espectro ideológico como “ensobrados”, mientras hace la vista gorda de los amigos beneficiados con pauta como la de YPF, los rebautiza con ironía no siempre fina y descalifica con el método de la erosión lenta.
En las pasadas elecciones presidenciales ocurrió algo que pocos observadores vieron venir, #Javo, un outsider, surgido al margen de los grandes aparatos partidarios, resultó el candidato más votado. Con su aspecto desprolijo y su retórica furiosa, en la cual se recogen todos los tópicos antisistema y paranoides tradicionales de la ultraderecha, logró concitar la adhesión de un espectro social sumamente heterogéneo (el electorado de La Libertad Avanza, su partido, atravesaría a toda la sociedad), instalando un escenario político inédito en este país. Desde ese día, la prensa y las redes no hablan de otra cosa, tratando de entender qué es lo que pasó y cuál es ese impensado horizonte político que se abrió a partir de allí.
La relación de #Milei con la libertad de prensa se caracteriza por una fuerte tensión, marcada por hostilidad discursiva, el cierre de medios públicos como Télam y la (solo para algunos) eliminación de la pauta oficial. La Organización Reporteros sin Fronteras señala un grave retroceso, con ataques a periodistas, censura previa y denuncias judiciales a medios críticos, alertando sobre riesgos para la democracia.
Hemos leído y escuchado demasiadas veces una retórica hostil contra periodistas y medios críticos, calificándolos de «mentirosos» o corruptos, y promoviendo la idea de que «no odiamos lo suficiente a los periodistas», han habido intentos de censura previa y allanamientos a medios independientes (como Carnaval) tras revelar audios vinculados a corrupción, además de hostigamiento judicial a periodistas.
En éste marco y, con la postura del gobierno acerca que es el presidente quién ejerce su propia libertad de expresión al criticar, y que estas acciones buscan disciplinar a una prensa que considera opositora, no hay que extrañarse de la creación de ésta flamante «Oficina de respuesta oficial».
Ricardo «Yayo» Guinsburg
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