La fuerte frase que usara Javier Milei en su primer discurso como presidente sigue sacudiendo la realidad nacional y, un ejemplo absolutamente duro está dado por la creciente violencia en la ciudad de Rosario dónde, al parecer, una vida humana cuesta $ 500.-

La anécdota cuenta que tres combis, cuatro furgonetas, cuatro camionetas, siete patrulleros y un micro se colocaron en la banquina de la autopista que conecta Buenos Aires y Rosario. Identificados con logos de la Gendarmería, no entraron a la ciudad que se desangra. Esperaron el arribo de la ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich. Para las cámaras. Para Instagram.

Expertos en seguridad consultados por LA NACION consideran que, solamente con el despliegue de gendarmes, prefectos y policías federales, NO ALCANZA. Porque no se trata de cantidad en el despliegue, sino de calidad, coinciden. Obviamente que cuantos más uniformados recorran las calles, mejor; pero eso no alcanzará para retomar el control de los barrios rosarinos, ni mucho menos. Se necesitará mucho más.

Primero, requerirá sumar personal calificado. Es decir, expertos en inteligencia, comunicaciones y criminalística que se aboquen tiempo completo a desentrañar cómo operan los grupos criminales en el terreno, intercepten sus comunicaciones –con la debida autorización judicial previa– y avancen hacia los eslabones medios y superiores que transmiten y que dan las órdenes, en lugar de concentrarse en quienes ejecutan esas directivas. Hay que ir, también, por quienes lavan sus ganancias. Y por los corruptos que desde la política y el Poder Judicial protegen a los criminales.

Prometer el desembarco de 100, 500 o 5000 efectivos –o el número que fuere– conlleva, además, otros problemas. Entre ellos, que las fuerzas de seguridad tienen personal finito. No hay más. Si envían gendarmes o prefectos a Rosario, debilitan otras zonas calientes en distintos puntos del país. Es el dilema de la frazada corta. De hecho, ocurrió hace poco. Muchos de los desplegados para controlar las protestas callejeras frente al Congreso de la Nación los habían hecho regresar de Rosario. Los devolvieron a la Capital y ahora los vuelven a llevar.

Otro «detalle» por demás interesante, para avanzar sobre los peces medianos y grandes se requiere de recursos presupuestarios y tecnológicos que hoy no hay. Los políticos celebran que enviarán lanchas “inteligentes” a Rosario, pero callan las falencias informáticas grotescas que afrontan las fuerzas de seguridad. ¿Un ejemplo? La apertura y análisis de un teléfono celular decomisado en un operativo antidrogas puede demorar hasta ocho meses. Sí, ocho meses. ¿Otro ejemplo? Las licencias de varios programas informáticos que utilizan las fuerzas de seguridad vencieron en diciembre. Y eso, sin olvidar que algunas fuerzas llevan años sin actualizar los softwares con los que deben combatir a clanes criminales que utilizan tecnología más actual.

El despliegue en Rosario de 100 o 10.000 efectivos afronta otro desafío atroz. “Alcanza con que alguien mande a un pibe con un revólver viejo y dos balas para hacer un desastre”, recordó a LA NACION un comandante general de la Gendarmería, retirado tras décadas de servicio y mucha, mucha calle. “Claro que hay que evitar que ese pibe haga un desastre, pero tanto o más importante es ir por el tipo que le dio la orden”.

Germán de los Santos / Hugo Alconada Mon

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