Cómo sucede habitualmente en Usina de Noticias cedemos espacio para que nuestros lectores expresen su opinión. En éste caso el colega Dario Peñaloza se refiere a una situación muy especial ocurrida en el Anfiteatro de Tunuyán.

Otra vez los perros peligrosos y van…

Infinidades de hechos lamentables, protagonizados por los denominados perros peligrosos, deberían ser suficientes para que tomemos conciencia del serio problema que podemos protagonizar. Es imposible pedirle a un animal que entienda lo que estamos tratando de decir pero si es viable que los propietarios de estos perros puedan responder por sus actos.

Una madre y sus hijos, uno en brazos y el otro de solo 8 años en bicicleta, disfrutaban de una tarde agradable dando un paseo por la costanera, cuando un perro apareció y se abalanzó sobre el menor con la intención de morderlo. En la desesperación la mamá logró proteger a sus pequeños del agitado animal pero al mismo tiempo observó como, la caída sufrida de la bicicleta había lastimado en gran manera al menor. Además mientras aguardaban el arribo de la ambulancia al lugar, tanto la madre como dueña del perro, protagonizaron otro violento episodio ya que una persona que hacía ejercicios, pasó por el lugar e iba acompañada por otros 3 perros (muy peligrosos). Al cuestionar esta situación el dueño atinó a realizar lo que hace la mayoría…se retiró enojado del lugar propinando insultos, como que la culpa era de los demás y no de sus peligrosos y sueltos rodwaillers. 

Poca tolerancia

Da la sensación de que cada cual cree tener el derecho para que sus perros circulen sin siquiera una cadena, un bozal o inclusive sin escuchar las advertencias que le hacen otras personas que, lamentablemente, terminan siendo víctimas de la furia de estos animales. Hay  dueños que no logran advertir el peligro que representa salir con sus perros o dejarlos sueltos en la calle fuera de su propiedad. Y dónde se meten todos estos aventurados propietarios cuando sus perros lastiman o mutilan a niños, o a adultos que pasan en bicicleta o al cartero, al deliveris o a quien fuera.

Esta nota está inspirada en la bronca de un hecho ocurrido entre un perro suelto, que acompañaba a su dueña en un paseo, y una madre que pensó que su hijo terminaría muerto tras el ataque del animal. Y esto más allá de la denuncia y del mal momento vivido será solo otro hecho más en la larga cuenta de lo que no debería ser pero que es moneda corriente en cualquier calle del pueblo.

Deberíamos preguntarnos si alguien hace, o hará, algo al respecto o son solo quejas al viento. Muy lamentable en que estas situaciones se originan, en su mayoría, en espacios destinados a la familia y al esparcimiento pero, como ninguna autoridad legislativa o ejecutiva de Tunuyán mira más allá de su nariz, debemos esperar que estos problemas se sigan sucediendo sin que nadie haga nada a no ser que un perro muerda a un hijo de algún concejal o funcionario. En el fondo existe una la gran deuda en la sociedad por encontrar una verdadera respuesta a un problema que cada vez se hace mayor o que cada vez nos ocupa menos interés.

Si de verdad se tiene amor por esos perros que viven bajo nuestra responsabilidad, no hagamos que los sacrifiquen porque salieron a la calle y mordieron a alguien. Tomemos conciencia y cuidemos de ellos, pero hagámoslo enserio, no seamos más animales que los perros.

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