La Dra. Erica Aguilera, reconocida militante del justicialismo y actual integrante del Concejo Deliberante de Tunuyán, nos hace llegar su opinión; que mucho agradecemos y compartimos con nuestros lectores.

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

          Cuando todo parece haberse dicho sobre el Día Internacional de la mujer, resulta difícil reflejar las consecuencias del valor y la entereza de aquellas trabajadoras que, en 1857, sacrificaron sus vidas para dar al plano inclinado de la historia, una bisagra de lucha que equilibrara aquella cuesta por la que nos encontrábamos empujando la piedra de Sísifo.    

          En algún momento histórico las mujeres debíamos continuar, en conjunto, aquella lucha individual “por nosotras mismas”, y ese día llegó.

          Como toda raíz fuerte y alimentada constantemente, el Patriarcado duro (no los hombres), resulta difícil de arrancar, pero es nuestra tarea y debe ser la de nuestros esposos, parejas, hijos, hermanos y nietos, el lograr que la mujer sea reivindicada en todas sus potencialidades. Más allá de los esfuerzos individuales, cada jornada del 8 de marzo resulta una oportunidad única para rememorar, reflexionar y proyectar una estrategia global, para que de una vez por todas sea valorada la suficiencia y la autonomía personal de la mujer.

          Desde aquel “Ni una menos” del 3 de junio del 2015, cada año nos encontramos con una nueva modalidad de conmemoración. Cada 8 de marzo desde entonces, las mujeres hemos forjado una jornada de reflexión intensa, una oportunidad especial para detener la rotación y gritar al mundo que no vamos a soportar más la violencia, el abuso, la marginación, la desigualdad, el maltrato y el sometimiento. Es fundamental para nuestra lucha, reforzar cada año la importancia de esta jornada, participar más y mejor, generar espacios de debate, proponer cambios superadores, lograr adhesiones, integrar actores, destacar esfuerzos, y lograr cada vez más pensar en igualdad, construir con inteligencia e innovar para el cambio.   

          Recién en 2018, las Naciones Unidas ha logrado la paridad de género en el Grupo Superior de Gestión y entre quienes dirigen los equipos de la organización en todo el mundo, proyectando alcanzarla en 2028 en todo el sistema.

          Hasta ahora, el mundo se ha dado el lujo de desaprovechar las contribuciones de la mitad de su población. Así ha sucedido también con la participación de la mujer en la fuerza laboral que, de darse en un pie de igualdad, desbloquearía miles de millones de dólares para el desarrollo global. No podemos construir el futuro que queremos, ni alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, sin el pleno protagonismo de las mujeres.

          Estoy convencida que es allí, en la cima de cada organización y de cada centro de poder, desde donde mejor derramará el talento, la fuerza, la capacidad, la entereza, la solidez y la templanza en la toma de decisiones y en la ejecución de las acciones necesarias para lograr un mundo más justo y equitativo, en donde el género no sea la condición para alcanzar cada sueño individual y el mejor destino para nuestra sociedad.

                                                                     Érica Soledad Aguilera

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